FUNDADA EN 2008 – AUTÓNOMA DESDE 2012

Fundada en Valparaíso en febrero de 2008 por un grupo de estudiantes de postgrado en filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, desde el año 2012 Revista Paralaje funciona como revista autónoma.

PARALAJE tiene como horizonte el fortalecimiento de la interacción filosófica en una red de pensamiento sin fronteras. En este contexto abierto, consideramos que la lectura, la escritura y todo lo que se juega en la intertextualidad, al ser lo propio de nuestro trabajo de investigación y creación, requiere de una actualización permanente. No es otro nuestro derrotero: que la filosofía deslice sus debates y asegure una actividad continua con espacios de circulación, redes de interacción y lugares de llegada propios y autogestionados. Somos un sí ha lugar a la creación filosófica, un sí ha lugar a la demanda, a la querrella y a la disputa que ponen en movimiento y actualizan a la filosofía, sus problemáticas y sus conceptos.

PARALAJE es una revista de filosofía y pensamiento contemporáneo. Privilegia la publicación de producción filosófica que se proponga y que sea reconocida, de un modo y otro, como hablando desde el presente. Esto implica también la lectura de filosofía contemporánea y la lectura contemporánea de la tradición filosófica. Asimismo, PARALAJE está abierta a publicaciones que, si bien podrían no corresponder propiamente al campo de la filosofía (sea por criterios conceptuales, disciplinarios o estilísticos), se pueden considerar relevantes o provocadoras para la reflexión filosófica contemporánea.  

La delimitación de lo contemporáneo es, ya desde los tiempos de Marx, una densa problemática. No pretendemos (ni creemos posible) disponer de un concepto o principio que gobierne nuestro presente como totalidad histórica y que nos sirva como criterio de discriminación de textos y nombres. Tampoco podríamos afirmar, siguiendo una fórmula de Pablo Oyarzún, una “voluntad de actualidad”. Lo contemporáneo se constituye, para nosotros, en un juego de desplazamientos, indecisiones, alusiones y emplazamientos en que la revista quiere inscribirse.

De este modo, nos parece más difícil establecer lo contemporáneo mediante un canon de autores, por más afinidad que tengamos con ellos, que reconocerlo en formas de lectura y operaciones de enunciación. Lo contemporáneo aparece modernamente en la resistencia a la repetición y perpetuación del pasado que se cultiva en el modelo escolástico del saber. Recogemos de este modelo el momento del respeto y del margen, pero lo contemporáneo es riesgo de equivocación y desencuentro, de no-correspondencia y malentendido. Por ello, es provisionalidad e, incluso, desarreglo: la excelencia, tanto menos significativa cuanto más reducida a forma, es relativizada como principio rector.   

Más allá de lo contemporáneo como lectura y enunciación, aparece una exasperante y compulsiva diseminación y re-descripción de lo “teórico”. No obstante, reconociendo la presión de las tasas decrecientes de ganancia sobre la producción textual, creemos indecidible la cuestión de su fuerza de ruptura. Este agnosticismo se expresa también de modo inverso: si bien nuestra “línea editorial” reconoce axiomáticamente la presencia espectral de lo “político”, nos ha interpelado igualmente el repliegue, el abandono, la huelga y la deserción que subtienden lo “teórico” –viendo en ello, precisamente, otra marca de lo contemporáneo-.

Ciertamente, no pretendemos que lo anterior nos “singularice”: no somos los únicos que reconocemos coordenadas semejantes. Somos el resultado de azares y cruces que preferimos, para todo efecto de condensación e intensidad institucionales, anecdóticos, antes que “decisivos” o “esenciales”.